sábado, 3 de septiembre de 2016

Los toros de Osborne en Extremadura

De mis primeros viajes por carretera tengo recuerdos asociados a esas edificaciones que estaban en sus márgenes que eran las casillas de peones camineros y a unas siluetas de toro bravo que se veían en el horizonte.

Siendo muy pequeño recuerdo que mi padre, durante los muchos viajes que hacíamos de Cáceres a Plasencia, nos los anunciaba y el temor, propio del desconocimiento de la infancia, que me invadía por si ese animal la emprendía con nosotros aún lo tengo grabado en la memoria.

Y el caso es que entre Cáceres y Plasencia había dos de esos toros, así que las ocasiones eran muchas. Esa sensación de temor pronto pasó, pero todavía perdura en mi memoria.

Los toros en cuestión formaban parte de una campaña del grupo Osborne para publicitar el brandy Veterano. Todo empezó en 1956.

En la siguiente foto podemos ver un toro con su publicidad original, un Dauphine y un hito del Plan Peña. Una típica estampa en las carreteras de los años sesenta y setenta.


El artista Manuel Prieto propone la figura de un toro como motivo principal de la campaña.


En 1958 empiezan a colocarse las vallas publicitarias en forma de toro, siendo las primeras de madera y una altura de 4 metros, suficiente pues la localización de las mismas estaban al lado de las carreteras.

Al principio tenían los cuernos de blanco.


Ya en 1961 se puso de manifiesto que debido a las condiciones atmosféricas la madera no era muy adecuada para construir la valla y se adoptó la chapa metálica. Con ello se aumentó el tamaño a los 7 metros.

Sin embargo, mediante el Decreto 1953/1962, de 8 de agosto, por el que se regula la publicidad en las márgenes de las carreteras, se prohíbe la colocación de publicidad en la zona de servidumbre de las carreteras. Esta zona comprendía 50 metros a cada lado de la carretera desde la arista exterior de la explanación o límite de la zona que realmente ocupa la carretera, es decir y sin entrar en muchos detalles, desde las cabezas de desmonte y pies de terraplén.

La limitación venía impuesta por principios de seguridad vial, para evitar las distracciones de los conductores.

Esto hizo que las vallas de los toros se aumentaran en su tamaño para mejorar su visibilidad desde la carretera, llegando a los 14 metros.

Actualmente hay unos 90 toros repartidos en la geografía española. Un mapa de la situación de los mismos podemos verlo a continuación.


El mapa es muy aproximado, pues los cinco toros que hay en Extremadura no están situados de manera muy precisa.

Su colocación siempre era en un lugar elevado con magnífica visibilidad desde la carretera, pues no debemos olvidar que era una valla publicitaria. Todos los toros que veremos en Extremadura verifican, como no podía ser de otra forma, esta gran visibilidad.

A continuación refiero los toros localizados en Google Earth.


Si el lector quiere la situación precisa, puede descargarse el fichero .kmz (del Google Earth) de los toros extremeños.

Hay dos toros en la N-V y tres toros en la N-630.

- Toro de Osborne en la N-V al sur de Trujillo.


Está justo al borde de la zona de servidumbre, destacándose sobre los granitos del batolito de Trujillo, entrando por el sur desde el Magasca por la antigua N-V. También se le puede ver desde la A-5.

- Toro de Osborne en la N-V, en Mérida.


En lo alto de la loma, la construcción de la A-5 le ha acercado y es más visible todavía. Se le puede ver viniendo desde Badajoz.

- Toro de Osborne en la N-630 al sur de Plasencia.


Uno de los dos toros que veía de pequeño, la construcción de la A-66 ha hecho que todavía sea más visible. Está al sur de Plasencia y puede verse tanto desde la N-630 como desde la A-66.

- Toro de Osborne en la N-630, en la Perala.


El otro toro que veía en mis viajes de Cáceres a Plasencia, situado pasada La Perala yendo hacia Cáceres. No es visible desde la A-66.

- Toro de Osborne en la N-630, entre Calzadilla de los Barros y Fuente de Cantos.


Este toro me sigue impresionando cuando circulo por la N-630, las menos de las veces, pero que también es visible desde la A-66, aunque a más distancia y con menor efecto.

Sin embargo, la preocupación por la seguridad vial y las distracciones de los conductores que ya se denotaba en el Decreto de 1962, terminó por concretarse en la prohibición de toda publicidad visible desde las carreteras, a raíz de la antigua Ley de Carreteras de 1988.

Así, el artículo 24 establecía que "fuera de los tramos urbanos de las carreteras estatales queda prohibido realizar publicidad en cualquier lugar visible desde la zona de dominio público de la carretera".

Los toros de Osborne, como vallas publicitarias que eran, quedaban automáticamente fuera de la ley y deberían ser desmontados. En 1994 se publica el Reglamento General de Carreteras que ordena la retirada de toda publicidad.

Empieza una campaña para preservar los toros, ya sin publicidad de Osborne, basada en que puede considerarse un "bien cultural" y que es "patrimonio artístico de los pueblos de España".

Finalmente, en 1997, el Tribunal Supremo dicta sentencia a favor del mantenimiento de los toros debido a su "interés estético y cultural".

Al final, es curioso comentar que el aspecto actual del toro de Osborne en nuestras carreteras ha venido definido por cuestiones legales, ajenas a la propia empresa anunciante: el tamaño por el decreto de 1962 y que no haya publicidad, y por tanto que el toro sea completamente negro como en la realidad, por la ley de 1988 y la sentencia del Tribunal Supremo de 1997.

Ciertamente paradójico.

Sin embargo la polémica no ha parado. Siendo un reconocido símbolo cultural de España ha sido objetivo de todos aquellos "adalides de causas perdidas". Ha sido derribado, mutilado, pintado, etc., por toda clase de energúmenos.

En Extremadura, el toro de La Perala fue pintado, en 2005, como una vaca por un "artista" de Valverde del Fresno que justificó su acción como "un acto de reivindicación y apoyo a la cultura extremeña y a la candidatura de Cáceres a la capitalidad cultural europea".


También es utilizado por grupos nacionalistas como plataforma para sus reivindicaciones.



O por colectivos LGBT (Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales).


O simplemente para denigrar el símbolo del toro, convirtiéndolo en un chivo.


O toros derribados por vándalos que han cortado con una radial la estructura que lo sostenía.


En fin, una larga historia la de estos toros, que esperemos se prolongue en el tiempo como elementos característicos de nuestras carreteras y, por qué no, de nuestros primeros recuerdos de viajes por ellas.

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