viernes, 28 de octubre de 2011

Las "vigilancias" de obra

Cuando hablamos de vigilancia en las obras, podemos estar refiriéndonos a muchas cosas. La más importante es la vigilancia sobre el contratista adjudicatario de manera que realice la obra con estricto cumplimiento del contrato, poniendo especial atención a la calidad final.

También podemos estar refiriéndonos a la vigilancia en el cumplimiento de las condiciones de seguridad y salud en la obra, para prevenir posibles accidentes laborales.

Por último, también nos podemos referir a la vigilancia de la obra en el sentido puramente económico de la misma, evitando los destrozos o los robos en la misma por parte de delincuentes que en todas partes hay. Para ello, la empresa contratista suele contratar una empresa de seguridad.

Sin embargo, últimamente se ha ido imponiendo, nunca mejor dicho, otro tipo de vigilancia en las obras. Hay quien jocosamente la denomina, la "vigilansia" de obra.

Es un fenómeno que se ha hecho muy popular en los últimos años y que inicialmente se instauró en las promociones inmobiliarias que tanto predicamento tuvieron a finales de los noventa y principios de este siglo.

Se empezaron a ver toscos carteles en las vallas de obras, muchos con faltas de ortografías, que avisaban de que estaban "vigiladas", por gitanos principalmente.

En las obras de carreteras el fenómeno tardó en llegar, pero actualmente ya no hay obra que no tenga su propio "vigilante".

En las obras de la Ronda Sur de Plasencia el vigilante en cuestión puso unos carteles, bien delineados, a la entrada de la planta de suelocemento y, posteriormente, sin ningún reparo en las glorietas de la citada Ronda. Dispuso los carteles y la antigua "fergoneta" pues supongo que se compró una nueva con lo que sacó con la citada "vigilansia". La foto prueba lo que comento:

Cartel de guarda gitano a la entrada de la planta de suelocemento con la "fergoneta" vieja a la derecha. Obra de la Ronda Sur de Plasencia.
La obra de la autovía de Plasencia a Galisteo también gozó de tan cualificada vigilancia una vez que el contratista se cansó de ver desaparecer los encofrados y el gasoil de las máquinas.

La confianza que derrochan llegan a plasmarse en carteles con órdenes expresas a sus semejantes.


O carteles con aviesas intenciones como este "vigilante gitano pego tiros".

Vigilante gitano pego tiros
Carteles con faltas de ortografías pero fácilmente comprensibles.

"Jitano" guarda



El negocio que supone dichas vigilancias llega a un nivel que como anécdota citaré que llegando a un restaurante de Plasencia a almorzar vimos un Mercedes de los más caros a la puerta. Dentro había dos personas de etnia gitana, con chándal de marca, hablando con otra persona. Comentamos entre nosotros que seguramente el coche era de una de esas dos personas y que posiblemente estaban ofreciendo los servicios de "vigilansia". El dueño del restaurante nos confirmó nuestras sospechas.

Encima estas vigilancias, que pueden costar 2.000 € mensuales según el tipo de obras, son en negro, porque "eso de hacer papeles...".

Por último no dejaré de contar otra anécdota que me relataron. En un obra con "vigilansia" robaron una radial. Comentado al guarda, esto suponía una afrenta para él. Así que, ni corto ni perezoso se presentó al día siguiente con tres radiales. Ninguna de las tres era la robada.

- ¡Es imposible! - dijo el guarda - Éstas fueron las tres radiales que se robaron anoche en la zona.

Pero el orgullo del guarda quedó afrentado pues ninguna de ellas era y alguien pagó los platos rotos al quedar el asunto sin resolver y la efectividad de la "vigilansia" en entredicho.

Y efectivamente ninguna de ellas era, pues la citada radial apareció poco después debajo de otros materiales de obra, pero este hecho fue convenientemente omitido al guarda, por la cuenta que traía.

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